Los miserables no es solo un musical

No, no lo es. Aunque haya tenido un éxito apabullante en todo el mundo, Los miserables es mucho más que un musical. Pero, lamentablemente, solo quienes han leído la magistral obra de Víctor Hugo lo saben. Cierto es que hay que reconocer que la adaptación teatral puede ser un magnífico aliciente para atreverse con una de las grandes obras de la literatura universal, y hay que animarse a leerla.

Encararla puede parecer complicado. No es una obra corta, son cerca de dos mil páginas que pueden asustar a los menos aficionados a la lectura. Pero la calidad y la profundidad del argumento es tal que acaba haciéndose corta. Y, por supuesto, la comparación con el musical no merece la pena ni planteársela.

Porque Los miserables es un libro lleno de acción, de caracteres complejos, de amor, de intriga, de pasión, de sucesos históricos y de miles y miles de matices que atrapan sin remedio a quien lo lee. Es mucho más que la vida de Jean Valjean, es un tratado de la naturaleza humana y de acontecimientos históricos que cambiaron el curso de la historia. Todo magníficamente combinado para dar lugar a una novela inolvidable.

Es muy complicado destacar solo unos pocos aspectos de una obra tan profunda y maravillosa como esta. Pero, sin duda, hay que señalar la profundidad con la que Víctor Hugo describe a sus personajes, sus caracteres, sus vivencias, sus reacciones y sus sentimientos. El lector acaba conociéndolos de una manera tan cercana que llegan a parecer reales como un Cerrajero Sevilla. Y lo mismo ocurre con escenas de acontecimientos históricos como la batalla de Waterloo, cuya descripción en Los Miserables es, sencillamente, magistral.

Y estamos, además, ante una obra que invita a una profunda reflexión sobre la desigualdad, sobre la violencia, sobre el espíritu de supervivencia del hombre, sobre la reinserción… Una obra que habla de las miserias y de las grandezas del ser humano. Su lectura, mucho más que aconsejable, casi obligatoria.