La indiferencia literaria

A cuántos de nosotros, lectores fervientes de todo aquello que se publique en las páginas de papel de un libro, nos ha sorprendido ver en un vagón de un tren o en uno de los coches del metro a un joven (menor de 25) sosteniendo entre sus manos una obra clásica de la literatura universal.

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Pues bien, mi caso fue claro y es que el pasado jueves en la línea 1 del metro de  Madrid, ruta habitual para muchos estudiantes, observé atónito a una chica enfundada en su uniforme colegial leyendo el Cantar del Mio Cid, obra de obligada lectura en los institutos españoles y de referencia para la literatura de caballerías posterior. No me sorprendió verla leyéndolo, mi estupor fue cuando al resto de sus compañeros estaban absortos en sus tablets dando cuenta, algunos, del mismo libro otros mientras le daban largas con juegos como Angry Birds o Candy Crush.

Está bien poder ver a gente que todavía conserva ese gusto por el libro en papel y no en ebook o en una tableta digital.