¡Ya está listo el especial de Los mejores narradores jóvenes en español de Granta!

2 Septiembre, 2010 por Granta Sin comentarios »

El número especial de Granta de Los mejores narradores jóvenes en español ya está listo y llegará a las librerías a principios de octubre próximo.

Este volumen especial dedicado a Los mejores narradores jóvenes en español ha despertado una gran expectativa en los círculos literarios, periodísticos y editoriales y está dando de qué hablar desde mucho antes de salir.

Recientemente el escritor peruano Iván Thays se refirió en una entrada de su popular e imprescindible Moleskine Literario a las especulaciones que se han hecho con respecto a los autores que serán incluidos en este número especial.

Dice Thays en la entrada que lleva como título “Algunos nombres que suenen para Granta en español”:

«En octubre llegará el número esperado.

Se acabó en abril la convocatoria y ya el jurado, compuesto por Edgardo Cozarinsky, Francisco Goldman, Mercedes Monmany, Valerie Miles y Aurelio Major está decidiendo, entre los centenares de autores propuestos, quiénes pueden ser los autores en castellano nacidos luego de 1975 para ser editados por la revista Granta. El volumen con los seleccionados se publicará en simultáneamente en traducción inglesa (Reino Unido y Estados Unidos) y en castellano (España) en octubre de 2010.»

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Tras citar el testimonio de los editores de Granta en español con respecto al significado que tiene para la narrativa hispanohablante la publicación de este número, el escritor barcelonés Javier Calvo comenta en su blog su excitación frente a la próxima aparición del volumen especial de Los mejores narradores jóvenes en español. En su entrada “M&M CONTRAATACAN” Calvo dice:

«Yo personalmente me confieso excitado por el evento, incluyendo su vertiente puramente deportiva, de ver quién pasa y ver quién se queda. (Los propios editores de Granta en español han potenciado este aspecto imponiendo un aura un poco teatral de secretismo en torno a la selección, que incluye hacer firmar cláusulas de confidencialidad a los traductores). Obviamente, no sé cómo de importante va a ser el nuevo número de Granta para la literatura en español en general, que en mi opinión tiene muy buena salud. Pero sí confío y espero que sea un impulso crucial para los autores seleccionados y también para la propia publicación Granta en español, que lo merece.»

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Por otro lado, el pasado sábado 28 de agosto en el suplemento Babelia del diario El País apareció un artículo que lleva como título “Cita literaria en español”. En este artículo el periodista Winston Manrique Sabogal afirma que «la literatura en lengua española dará qué hablar este otoño», hace un repaso de algunos de los acontecimientos más importantes que tendrán lugar durante los próximos meses en este campo y destaca las novedades más importantes de la rentrée en el ámbito de la narrativa hispanohablante.

Con respecto a la próxima publicación de este especial de Granta dedicado a Los mejores narradores jóvenes en español dice Manrique:

«Granta habla español por primera vez. La prestigiosa publicación británica elegirá, como ya ha hecho con los anglosajones, a una veintena de escritores menores de 35 años en cuyas manos estaría gran parte del futuro de las letras hispanohablantes.»

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Agradecemos el entusiasmo de estas representativas voces tanto de la narrativa hispanohablante contemporánea como del periodismo cultural y esperamos que el especial de Los mejores narradores jóvenes en español satisfaga las expectativas de los lectores de Granta en español.

Entrevista a Joan Queralt: «Las mafias se sustentan en la falta de los valores que la sociedad entiende como bases de la convivencia y la legalidad»

8 Junio, 2010 por Granta Sin comentarios »

En “Cosa de hombres”, el número 10 de Granta en español, apareció “Palermo”, una apasionante crónica en la que Joan Queralt hace una aproximación al escalofriante mundo de la Cosa Nostra y cuenta la vida de un arrepentido de la Mafia.

A continuación reproducimos una entrevista que le hicimos a Joan Queralt a propósito no sólo de la mafia palermiana sino también de su experiencia como cronista a la hora de abordar los entresijos de esta organización criminal.

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Granta en Español: ¿Cuál es el origen de la tradición mafiosa de Palermo, ese lugar donde en sus propias palabras «no rigen otrs leyes que la sumisión a la desesperanza, la avídez sin límites, la prepotencia de unos sobre los otros, y la inexistencia de derechos»?

Joan Queralt: El fin del período de la mafia agraria, que va desde la formación del estado unitario, en 1860, a los años 50 del siglo XX, y el comienzo de la fase urbana-empresarial, en los años sesenta, que a partir de los años setenta se transformó en financiera, situó la centralidad del fenómeno mafioso en la ciudad de Palermo. No obstante, su presencia en la ciudad y en toda la provincia es muchísimo más antigua y encuentra raíces en su proceso histórico. Durante siglos, Palermo fue una capital parasitaria que vivió con perjuicio de todo el reino. Mediado el siglo XIX, poco después de la unificación, ya se hablaba, con cierto acento de racismo peninsular, del pueblo palermitano como el más corrupto de Italia. En todo su recorrido histórico siempre estuvieron presentes fenómenos premafiosos, tales como las actividades delictivas de los grupos armados al servicio de los barones o de la clase política, el control del agua, la venta de carne clandestina y los secuestros de personas.

A partir de los años sesenta y setenta, el organigrama de la mafia palermitana sufrió una profunda transformación. El control de los mercados, la especulación inmobiliaria y el tráfico de drogas, que convirtieron la ciudad en el centro hegemónico de la organización, provocaron importantes y crecientes conflictos internos entre las familias tradicionales de la mafia palermitana y los clanes recién llegados, enfrentamiento que terminó en la guerra de mafia de comienzos de los años ochenta y la victoria de los corleoneses, que mantuvieron su dominio hasta la caída de Bernardo Provenzano en abril de 2006.

Tras la segunda guerra mundial, la mafia contribuyó decisivamente al proceso de degeneración que alimentó e impuso en la capital administrativa de la isla una idea de la política y de las instituciones, en la cual la legalidad de los derechos se convirtió en anomalía y las prácticas corruptivas en la normalidad a la que la ciudadanía debió adecuarse.

La política pasó a ser entendida como salvaguarda de los intereses de una parte y la vida económica, política y social de la ciudad pasó a estar controlada y sofocada por una clase dirigente, responsable de la gestión de la cosa pública, en una medida desconocida en el resto de Europa. La relación entre política, los vértices de la burocracia y la criminalidad organizada pasó a ser la esencia del equilibrio interno del poder y esa convergencia de intereses selló el destino de Palermo y de sus habitantes. La mafia no hubiera sobrevivido sin estar alimentada cada día por relaciones de intereses, compromisos y clientelismo con el poder.

Las hienas que anunció Tomasi di Lampedusa se alimentaron de ese sistema de relaciones, lastrando el recorrido de la ciudad hacia la modernidad, impidiendo mediante la violencia cualquier modelo renovador y convirtiendo la ciudad en un trrágico escenario de sangrientas guerras de mafia, homicidios “excelentes”, extorsiones, colusiones políticas y corrupciones sin fin.

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Granta en Español: ¿Cuáles son los valores sobre los que se fundamenta la tradición mafiosa palermitana?

Joan Queralt:En ningún caso se puede hablar de valores cuando nos referimos a Cosa Nostra, o a las mafias en general. Al contrario, ellas se sustentan precisamente en la falta absoluta de aquellos valores que la sociedad no mafiosa entiende como bases fundamentales de la convivencia y la legalidad. La supuesta escala de valores del mundo criminal, incluido el de la mafia siciliana, difundida por cierta literatura y por cierta sociología sobre el fenómeno – y me refiero a valores como el honor, el respeto, la solidaridad interna o la rebeldía ante la injusticia, etc…- constituyen una auténtica y vieja impostura. Ser mafioso significa estar por encima de los otros. Violencia y poder son las dos caras de la misma violencia, las dos constantes que guían desde el comienzo y en todo instante el comportamiento mafioso.

Dicho esto a modo de precisión conceptual, y recordando que los principios de la conducta mafiosa palermitana son idénticos a los del resto de la organización siciliana, podríamos resumir que los fundamentos y fines de la mafia, incluida la de Palermo, han sido y son, básicamente, el desarrollo de actividades ilegales y legales con el fin de acumular riquezas y conquistar y gestionar posiciones de poder. Para lo que actúan en el interior de un sistema de relaciones con diversos sujetos (profesionales, empresarios, administradores, políticos: burguesía mafiosa) y se sirven de un código cultural y de un cierto consenso social.

Granta en Español: ¿En qué consistió su estrategia para acceder a Enzo, el protagonista de su crónica “Palermo” y para despertar en él la confianza necesaria para que le ofreciera su testimonio con respecto a su experiencia en el interior de Cosa Nostra?

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Joan Queralt: En primer lugar, el contacto con su abogado fue fundamental. Sin su colaboración, el encuentro hubiese sido mucho más difícil, o incluso imposible. El hecho de que Enzo hubiera abandonado el programa de los arrepentidos protegidos por el Estado también influyó positivamente, al permitir un contacto más directo, al margen de los largos, complejos y burocráticos canales oficiales establecidos en esa época para llegar a establecer contacto personal con un arrepentido.

Superados esos dos escollos, no hubo más estrategia que la de tener en cuenta algunos principios de la mentalidad del denominado “hombre de honor”, entre ellos el del respeto al hombre. La psicología del mafioso, arrepentido o no, exige ante todo respeto por parte de los otros. Si percibe respeto existe un después, es decir puede haber continuidad en la relación. Si percibe lo contrario, esa posibilidad desaparece. En ese sentido cabe añadir el excepcional olfato que tienen los mafiosos, que poseen una notable capacidad psicológica para “conocer” e interpretar la personalidad y la actitud de sus interlocutores. Una cualidad casi genética que forma parte de su instinto de supervivencia.

Lógicamente, me estoy refiriendo a los arrepentidos porque en el caso de los miembros activos de la organización cualquier forma de diálogo o conversación es impensable. Los miembros de Cosa Nostra no establecen ninguna relación de confianza con personas externas a la organización.

Yo nunca pude sentir respeto por el pasado de Enzo porque me resulta inconcebible respetar la ideología y el modo de vida de un profesional de la violencia criminal. Ese sentimiento se lo merecen exclusivamente sus víctimas. Pero no pude evitar cierta comprensión humana hacia la persona sufriente que tenía ante mí, verdugo y víctima al mismo tiempo. Y supongo que esa impresión fue suficiente para él.

No obstante, en mi opinión, las “confesiones” de Enzo fueron fruto de su propia situación más que de cualquier otra razón. Venía de un largo y difícil proceso de interiorización, de revisión de su propia existencia, y estaba inmerso en una circunstancia de enorme soledad. Extremadamente lúcido respecto a la esencia de las dos orillas de su existencia, la de la sociedad mafiosa y la de la sociedad no mafiosa, así como a las escasas posibilidades de renacimiento que tanto una como otra le ofrecían para el futuro, su monólogo, que de eso se trató ya que en ningún caso puede hablarse de entrevista, no fue otra cosa que una especie de denuncia en voz alta. Una especie de necesidad última de encontrar sentido a su decisión y a sus duras consecuencias en un contexto de cobardía, indiferencia y abandono generalizados. Fue una amarga reflexión sobre el no reconocimiento a su gesto de abandonar Cosa Nostra y, a la vez, una terrible acusación al olvido del Estado y a la apatía de la sociedad por su destino. El lamento de un hombre condenado a sobrevivir en el vacío más absoluto.

Yo simplemente tuve la oportunidad de recoger esa denuncia.

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Si tras leer esta entrevista os interesa conocer de cerca la Cosa Nostra desde la perspectiva personal de Joan Queralt y de Enzo, os recomendamos leer la crónica “Palermo” publicada en el número 10 de Granta en español titulado “Cosa de hombres”.

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* Imágenes de Palermo: Emanuele Lo Cascio.

** Retrato de Joan Queralt: Edouard Golbin.

“El valle de Dios”, por Justin Webster

25 Mayo, 2010 por Granta Sin comentarios »

A propósito de la polémica que se vive actualmente en España en torno a los crímenes de la Guerra Civil y a la memoria histórica, hoy queremos compartir con nuestros lectores algunos fragmentos de un conmovedor reportaje de Justin Webster titulado “El valle de Dios”.

A continuación presentamos los fragmentos que hemos seleccionado de este reportaje que publicamos en el número 1 de Granta en español, antecedidos por un breve texto que su autor ha escrito seis años después de su aparición inicial con el proposito de introducir el tema y de poner en contexto al lector.

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Empezó cuando alguien me contó un rumor escalofriante. Las primeras excavaciones de las fosas de la Guerra Civil, de las víctimas de las fuerzas franquistas, habían empezado hace poco más de un año. Estaba hablando con Valerie Miles y Aurelio Major acerca de cómo enfocar un reportaje sobre este proceso, entonces privado y semiclandestino. En Valdediós, un pueblo emblemático de Asturias escondido al final de un valle, decían que de vez en cuando los perros aparecían por las calles con huesos humanos. No fue exactamente así, iba a descubrir, pero hubo algo de verdad esencial, emocional en un rumor que había crecido durante años entre el miedo y el silencio. Todo el pueblo sabía que unos enfermeros, hombres y mujeres, incluso una niña de 15 años, fueron brutalmente asesinados una noche de 1937 por soldados franquistas, y yacían abajo del lodo en una pradera, sin sepultura digna. Las vacas les pisaban. Y se sentía o se imaginaba que los perros u otros animales carroñeros podrían sacarles a la luz del día en cualquier momento. Fui allí con la imagen insolente del rumor, intentando mantener la mente abierta, como un foráneo sin tener prejuicios menos uno, que constituye la raíz de la historia hasta hoy: en todas las culturas, desde cuando viajaba Herodoto, poder sepultar –quemar, enterrar, mumificar o lo que dictan las conciencias de cada comunidad– y poder llorar a tus muertos es uno signo sagrado de la cultura humana.

Mayo 24 de 2010.

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[…] «Valdediós. El valle de Dios. Un topónimo célebre por diversas razones: enclave de una capilla del siglo IX que es muestra temprana del prerrománico asturiano, refugio del último monarca astur, Alfonso el Grande, quien, lo mismo que el rey Lear, optó por renunciar a su corona. Situado a veinte kilómetros de la costa, al final de un valle serpenteante, se trata de un claro parecido a un coliseo natural rodeado de verdes colinas boscosas por todas partes. Durante siglos fue hogar de una comunidad de monjes que más tarde se transformó en un famoso seminario.

Emplazado en la base del valle, el monasterio se encuentra en el cruce de las estrechas carreteras que llevan a varias aldeas modestísimas que no alcanzan la categoría de pueblos: Puelles, Valerí, La Viña. Los campesinos de aquellas colinas siguen arreglándoselas para vivir, más bien en precario, de las vacas lecheras y las pequeñas cosechas de maíz, remolacha, manzanas sidreras y alubias. En todo caso, el valle fue relativamente próspero en los años anteriores a la Guerra Civil. Los veintidós molinos de agua que se extendían a lo largo del curso del río eran muestra de una industrialización incipiente, lo mismo que los tagares para la sidra, que aportaban suministro a los distribuidores locales. A todo esto, el monasterio, si bien aislado de la vida cotidiana de las aldeas, otorgaba al lugar cierta pátina de cultura, devoción y estudio. En primavera, con ocasión del Pentecostés, los labriegos contemplaban con lágrimas de éxtasis en los ojos la procesión de la virgen de Arbazal que los monjes efectuaban desde la capilla. El valle asimismo era ocasional refugio de ilustrados que acudían en misión o a retirarse para meditar, emulando a Jovellanos, el gran escritor conservador español. Entre los muros del monasterio, junto a la vieja capilla y los patios columnados que albergaban a unos doscientos seminaristas que se preparaban para la vida en la Iglesia, se alzaba la escuela local. Delante de ésta se encontraba el único comercio de la comarca, un colmado en el que se vendía aceite y azúcar tanto como aperos de labranza.

Pero al hablar en este instante con el doctor, la palabra Valdediós encierra unas connotaciones muy otras.

Cuatro días antes de mi visita a la clínica yo había estado recorriendo por primera vez la cresta de la colina, sobre los campos empinados y ubérrimos, bajo los eucaliptos y los nogales, echando un vistazo ocasional, cuando la conducción me lo permitía, al paisaje puntuado de macizas casas de labranza que se extendía a mis pies, antes de abandonar la carretera principal y emprender el descenso al valle bajo la sombra de una pared en roca viva.

En el interior del monasterio, en un dormitorio improvisado, encontré a una sola trabajadora voluntaria, que resultó ser inglesa, empleada en la biblioteca del Instituto Británico y estudiante de arqueología china. Mi interlocutora me condujo hasta donde se estaban efectuando las excavaciones, por un sendero agreste y descuidado que salía de los muros del monasterio y, colina arriba, llevaba a un portón situado al pie de un prado en pendiente muy empinada. Una decena de metros ladera arriba resonaban murmullos de voces y el eventual sonido metálico de las herramientas de trabajo.

Entre operarios y curiosos, una veintena de personas estaban arremolinadas en torno a un llano marrón excavado en la ladera del cerro. Extendida y amarrada con cuerdas, una gran lona azul marino hacía las veces de parasol destinado a proteger del calor creciente a los trabajadores armados con pinceles y arrodillados en la trinchera poco profunda. Justo debajo de ellos, una pequeña excavadora de oruga estaba airosamente inclinada sobre un gran montículo de tierra color marrón oscuro. Más arriba, la temprana luminosidad de la mañana arrancaba destellos blanquecinos a la hierba del prado.

Hacía apenas tres días que los huesos habían empezado a aparecer. Durante la primera semana de la excavación, organizada y dirigida por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ejecutada por unos cuantos expertos en medicina forense que no cobraban dinero alguno y un grupo de voluntarios no cualificados, nada apareció. En la atmósfera flotaba la posibilidad de que la fosa común no existiera en realidad, de que se tratara de una leyenda difundida por razones partisanas o de que todas las pruebas hubieran desaparecido de un modo u otro después de tanto tiempo. Algunos aldeanos y curiosos se acercaron a sugerir posibles puntos de excavación. Hubo quien propuso indagar bastante más arriba en la ladera. Empezaron a aflorar tensiones entre los miembros del inexperto equipo multinacional de voluntarios y entre los propios miembros de la Asociación. El plazo de dos semanas de excavación se acercaba a su límite sin que hubieran resultados tangibles.

Un cambio de liderazgo en la dirección, el empleo de la excavadora y la aportación de nuevos datos más fiables por parte de los campesinos eventualmente produjeron dichos resultados. Las víctimas habían sido ejecutadas en este campo la noche del 25 al 26 de octubre de 1937, cinco días después del fin de la guerra en Asturias, cinco días después de que el batallón navarro Arapiles del ejército nacional descendiera por el valle y ocupara el monasterio.

Los muertos –era cosa sabida, por mucho que el episodio nunca hubiera sido investigado oficial o históricamente– eran enfermeros psiquiátricos, mujeres en su mayoría, y unos cuantos empleados domésticos de un sanatorio mental. El hospital había sido establecido en el seminario de Valdediós, semivacío en aquel entonces, en una zona todavía sometida al mando republicano a principios de 1937. Al estallar la guerra el 18 de julio de 1936, Oviedo, la capital, cayó en su mayor parte en manos de los insurrectos franquistas. En un terreno elevado en el mismo centro de la ciudad se encontraba el hospital psiquiátrico provincial de La Cadellada, construido hacía poco según el modelo francés y con capacidad para albergar a trescientos cincuenta pacientes. En un principio, el hospital siguió en funcionamiento a pesar de los bombardeos; con independencia de su afiliación política, los empleados del sanatorio continuaron trabajando cincuenta horas a la semana mientras en los alrededores se desarrollaban unos combates brutales. En octubre, la milicia republicana que asediaba la ciudad logró conquistar los aledaños del hospital. Los republicanos mantuvieron dicho terreno en su poder sólo durante dos semanas; al retirarse, el hospital quedó dividido en dos. Quienes simpatizaban con la República no querían, o no podían, regresar al sanatorio. Por entonces, incluso el tratamiento de los locos se había convertido en una cuestión política.

Una fotografía tomada en enero de 1937 muestra a una veintena de los enfermeros y empleados del nuevo hospital republicano emplazado frente a las arcadas del monasterio. Una quincena de estas personas exhiben las largas batas blancas de los enfermeros; ocho de ellas son mujeres. De los diez integrantes de la imagen que la Asociación ha logrado identificar, nueve trabajaban en La Cadellada antes del traslado a zona republicana. Gradualmente reagrupados en el monasterio por orden del ministerio de salud republicano, tenían por misión atender a un elevado número de ingresos, en muchos casos traumatizados por las bombas o la constante tensión de los combates. A finales de año, Valdediós contaba con más de cuatrocientos pacientes. En la zona nacional, los internos de La Cadellada fueron evacuados a otro monasterio, el de Coreas, sito en el otro extremo de Oviedo. Este sanatorio, que mantuvo el título de hospital psiquiátrico provincial de Oviedo, fue puesto bajo la dirección de Pedro Quirós-Isla y albergaba a doscientos noventa pacientes. El listado de ingresos correspondiente a 1937 habla de una mayoría de esquizofrénicos, seguida de epilépticos, maniaco-depresivos y neuróticos enloquecidos por factores externos, la guerra entre ellos.

[…]

Allí donde estaban trabajando los voluntarios, el suelo arcilloso aparecía compacto y reluciente por las pisadas. Dispuesto sobre este suelo como un trofeo se erguía una delgada ristra de huesos marrones coronada por una calavera. La boca conservaba la mitad aproximada de sus blancos dientes y estaba abierta y un tanto ladeada, como si quisiera expresar ironía o desprecio. Las cuencas de los ojos aparecían perfectamente formadas, si bien no era fácil discernir el hueso de la arcilla. Una nota con el número 10 había sido dispuesta sobre lo que debía ser el pecho. Las costillas habían desaparecido mucho tiempo antes; tan sólo los huesos mayores, los de las piernas o los brazos, seguían siendo visibles. En cuclillas, dos voluntarios estaban ocupados en limpiar de polvo la tierra suelta, la amalgama más reseca y menos pegajosa que había junto a los huesos. La atmósfera era jovial al tiempo que industriosa. Tras unos principios frustrantes, las cosas empezaban a rodar. Los cuerpos no tardaban en ser aislados, desenterrados y almacenados en cajas de cartón individuales. Diecisiete, acaso dieciocho seres humanos yacían en aquella fosa en forma de L, la cifra precisa comúnmente citada por los testigos presenciales. Aunque los análisis finales todavía no han sido efectuados, se habla de trece mujeres y cinco hombres.

[…]

Las excavaciones de Valdediós eran noticia en la prensa regional, normalmente en la sección de noticias de ámbito local. Sorprendentemente, entre los periódicos de difusión nacional, tan sólo El País había publicado un artículo al respecto. Al día siguiente, El Comercio incluiría un largo artículo sobre las excavaciones y el descubrimiento de los cuerpos. La Nueva España, por su parte, dedicaría página doble al recuerdo de un ministro franquista que había sido oficial del ejército nacional durante la campaña de Asturias y había llevado un diario de combate. En el artículo se incluían las entradas del diario correspondientes a una semana de octubre de 1937, con observaciones sobre el dolor de una madre cuyo hijo había sido ejecutado por los rojos en la cárcel de Villaviciosa –la población de importancia más próxima a Valdediós– y sobre los besos y lágrimas con que el escritor había sido recibido por “las gentes más variadas” al paso de sus tropas por los pueblos.»

[…]

Traducción de Antonio Padilla

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* Lee el texto completo en “El silencio en boca de todos”, el número 1 de Granta en español.

Granta los busca jóvenes y talentosos”, según Juan Palomo

28 Abril, 2010 por Granta Sin comentarios »

El pasado martes 27 de abril el célebre Juan Palomo escribió en su reconocido blog de El Cultural llamado La papelera de Juan Palomo un breve y sugestivo comentario sobre la convocatoria de Granta a los mejores narradores jóvenes en español. En su comentario titulado Granta los busca jóvenes y talentosos” Palomo llama la atención sobre la importancia que tienen las antologías de los mejores jóvenes escritores de la década que desde hace varios años edita Granta tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos:

«Es una tradición. Desde hace más de veinte años, las ediciones inglesas y estadounidenses de la revista Granta presentan sus apuestas literarias para la década. Son, nos dicen, los mejores escritores jóvenes, el futuro.»

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Tras destacar algunos nombres que se han consagrado tras su aparición en las ediciones británicas y estadounidenses de las antologías de Granta de los mejores autores de narrativa de la década, con respecto a la convocatoria a los mejores narradores jóvenes en español dice Palomo:

«Lo de la última versión española de la revista es más original: los responsables han planteado una suerte de oferta pública y abierta a todos los escritores, editores y agentes literarios que lo deseen y que quieran presentar la candidatura de los jóvenes narradores de lengua española que más les interesen, para incluirlos en el volumen que Granta publicará simultáneamente en traducción inglesa (Reino Unido y Estados Unidos) y en castellano (España) a finales de 2010.»

Gracias a Juan Palomo por su generoso comentario, a todos los que nos han ayudado a promover la convocatoria de Granta a los mejores narradores jóvenes en español y, por supuesto, a quienes han aceptado nuestra invitación a participar en ella.

D.A.F. de Sade, pássim

20 Abril, 2010 por Granta Sin comentarios »

Como los lectores del siglo XXI, ya en el XVIII estos sabían que el hábito no hace al monje:

–Arrodíllate –me dijo el monje –, voy a azotarte en el pecho.

–¿En el pecho, padre?

–Sí, en esas dos masas lúbricas que sólo azotadas me excitan.

Y las apretaba, las comprimía violentamente mientras hablaba.

–¡Oh, padre! Esta parte es muy delicada, me mataréis.

–¡,Qué importa, con tal de satisfacerme?

Hizo público que su amigo, antes de morir, había dejado sus bienes a los pobres, y desde ese mismo momento el infame se apoderó de ellos. Pero no era bastante arruinar a los dos infelices niños: el obispo, que nunca cometía un crimen sin maquinar otro inmediatamente, hizo retirar, con el consentimiento de su amigo, estos niños de la oscura pensión donde eran educados y los colocó en casa de personas de su confianza, decidido a convertirlos pronto en víctimas de sus pérfidas voluptuosidades. Cuidó de ellos hasta que llegaron a la edad de trece años. El primero que los cumplió fue el muchacho; se sirvió de él, lo sometió a todas sus orgías, y como era muy guapo se divirtió con él durante unos ocho días. Pero la chiquilla no tuvo tanto éxito: llegó siendo fea a la edad prescrita, sin que nada detuviera sin embargo al lúbrico furor de nuestro canalla. Satisfechos sus deseos, temió que si dejaba vivir a aquellos muchachos descubriesen algo del secreto que se refería a ellos. Los condujo, pues, a una finca de su hermano, y convencido de encontrar en un nuevo crimen las chispas de lubricidad que el placer acababa de hacerle perder, inmoló a los dos a sus pasiones feroces y acompañó su muerte con episodios tan picantes y tan crueles que su voluptuosidad renació en el seno de los tormentos a que los sometió.

–¡Santo Dios! –dice el abad retirando su miembro espumeante de lujuria y todo cubierto con las marcas de su victoria–, ¡ah!, ¡redios jodido!, obedezco, pero me vengaré en el culo de Juliette.

–No –dice Delbène, quien, a pesar de los placeres con los que se embriaga, no deja de ocuparse de los nuestros–, no, el culo de Juliette pertenece a Téléme, le corresponde a ella gozar esta vez, y no permitiré que pierda sus derechos. Pero, criminal, puesto que te excitas tanto, métete en el culo de Volmar; mira su trasero soberbio ofrecido a tus deseos; métete en su culo, te digo, y así ella me excitará mejor.

–¡Sí, me cago en Dios!, sí dice Volmar–, mira mi culo; que lo enfile el bribón: nunca he sentido tal necesidad de ser sodomizada.

Todo se dispone de nuevo; y al dejar la brecha preparada en Laurette penetra mi instrumento sin demasiadas dificultades, la pobre pequeña pronto lo siente en el fondo de su ano. Entonces, sus gritos crecen; son terribles; pero Téléme, bien enclavada en mi culo, y Delbène, que nada en flujo, me animan con tanta fuerza que Laurette pronto siente por detrás lo que le he hecho sentir por delante: la sangre corre, y la pobre niña se desmaya por segunda vez.

La vieja llora y se resiste; colaboro en los proyectos de Saint–Fond. Después de haber colmado de ultrajes a ese desgraciado culo, el libertino lo enfila, teniendo bajo sus pies a los dos niños, a los que aplasta mientras descarga en el culo de su madre, a la que salta la tapa de los sesos en el momento de la crisis. Y así dejamos este infortunio reducido a la nada, siempre con la pequeña víctima de catorce años, cuyas nalgas había besado durante la operación.

– ¡Y bien!, monseñor –le digo al salir de allí–, ibais a gozar del bien de esa familia con toda seguridad, y no podíais. Esta gente había encontrado apoyos, iban a organizar un escándalo; sé muy bien que os habríais burlado de eso, pero estas cosas siempre son desagradables; los he descubierto, los he engañado: ya os habéis deshecho de ellos.

Por lo que dicen los monjes, en esta casa no aparecen diez personas por año; sin embargo, es verosímil que cuando se presentan algunos extraños, el superior se preocupe de recibirlos bien; los impresiona con sus apariencias de religión y de austeridad, se van contentos, elogiando el monasterio, y la impunidad de estos malvados se apuntala así sobre la buena fe del pueblo y la credulidad de los devotos.

¿No nos ofrece la experiencia diaria pruebas convincentes del poco efecto que tiene el temor de los castigos de la otra vida, sobre muchos de aquellos que están más convencidos? No hay pueblos más convencidos del dogma de la eternidad de las penas que los españoles, los portugueses y los italianos: ¿los hay más disolutos? Por último, ¿se cometen más crímenes secretos que entre los sacerdotes y los monjes, es decir, entre aquellos que parecen los más convencidos de las verdades religiosas?, ¿y esto no prueba con toda evidencia que los buenos efectos producidos por el dogma de los castigos eternos son muy escasos e inciertos?

D.A.F. de Sade, pássim.

La convocatoria de Granta a los mejores narradores jóvenes en español da de qué hablar en el ámbito cultural iberoamericano

15 Abril, 2010 por Granta Sin comentarios »

El próximo viernes 30 de abril de 2010 es la fecha límite para el envío de manuscritos de la convocatoria de Granta a los mejores narradores jóvenes en español.

Recientemente distintas organizaciones y publicaciones relacionadas tanto con el sector del libro como con la actividad cultural en el ámbito iberoamericano han dado cuenta de esta convocatoria cuyos resultados se darán a conocer en octubre de 2010 a través de la publicación tanto en español como en inglés del número especial de Granta titulado “Los mejores narradores jóvenes en español”.

GRANTA_EN_CERLALC

La página Web del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC)

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GRANTA_EN_CASA_AMÈRICA_CATALUNYA

La página Web de Casa Amèrica Catalunya

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GRANTA_EN_MOLESKINE_LITERARIO

El popular blog Moleskine Literario, del escritor Iván Thays

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Gracias tanto a los amigos del CERLALC y de Casa Amèrica Catalunya como a Iván Thays por ayudarnos a difundir la convocatoria y por valorar el esfuerzo que está haciendo Granta no sólo para dar a conocer los mejores narradores jóvenes en español, sino también para reconocer su trabajo.

“Yo soy el mercado”: Luca Rastello explica cómo transportar cocaína a toneladas y vivir feliz

16 Marzo, 2010 por Granta Sin comentarios »

En el número 10 de Granta en español, cuyo título es “Cosa de hombres”, apareció el texto “Yo soy el mercado” cuyo autor es el periodista italiano Luca Rastello. Se trata de un fragmento del libro del mismo nombre que pronto será publicado por Duomo ediciones.

En “Yo soy el mercado” Castello explica en detalle las ingeniosas estrategias de los narcotraficantes colombianos y mexicanos para acrecentar su negocio transportando cocaína a toneladas.

Luca Rastello nació en 1961. Es periodista de La Repubblica y director del Osservatorio Balcani e Caucaso, un grupo de investigación sobre asuntos relacionados con la Europa del Este. Especializado en economía criminal y relaciones internacionales, ha dirigido las revistas Narcomafie y L’indice y es autor del ensayo La Guerra in Casa (Einaudi, 1998), que aborda la guerra en la antigua Yugoslavia, y de la novela Piove all’insù (Bollati Borlinghieri, 2006).

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A continuación compartimos con nuestros lectores las primeras páginas del fragmento de “Yo soy el mercado” publicado en “Cosa de hombres”*:

«Con la crisis de los carteles, cambian también las cantidades de los transportes. En los tiempos de escobar era bastante normal que quien podía permitírselo organizara cargamentos de cuatro y cinco toneladas. Era la época de las ideas espectaculares: el túnel, los submarinos… Don Pablo era incluso capaz de hacer volar, con el consentimiento del gobierno cubano, bombarderos militares que despegaban de la Isla de Pino y lanzaban la mercancía empaquetada en flotadores frente a las costas de Miami. De recogerla ya se encargaban los hombres del cartel, equipados con lanchas motoras tipo cigarette, rápidas y veloces. Tenían su propio método: se apostaban en círculo alrededor del lugar de impacto previsto y luego partían en direcciones divergentes para perderse en el laberinto de pantanos de los Everglades, en cuyo interior resultaba imposible seguirlos. Aquello sí que era un verdadero espectáculo: imagínate una estrella enorme flotando sobre el océano. Los paquetes caen en el centro, los hombres los recuperan y la mercancía sale disparada en todas direcciones para desaparecer en los pantanos. En total, el riesgo era muy bajo. Hubo uno que hasta se compró una isla en las Bahamas: estaba a ocho millas náuticas de la costa estadounidense, así que con las lanchas motoras podía llevar la mercancía directamente a las casas de los yanquis, por el río Miami. Desde entonces, sin embargo, ya ha sido casi imposible transportar más de doscientos o trescientos kilos a la vez. Al menos por mar. Hasta que inventamos el sistema de la oscuridad.

Bueno, en fin, cuando se empezó a entender que los métodos tradicionales de realizar el transporte estaban entrando en crisis, se fue pasando de una tentativa a otra. Poético, ¿no? Los prosaicos fuimos nosotros, más tarde. Prosa eficaz, miles de millones en metálico, aunque eso no quiere decir que no sintiéramos un poco de nostalgia de los tiempos románticos. Los principales competidores de Pablo Escobar eran los Orejuela de Cali, el cartel más importante del mundo (trabajé para ellos al principio de mi carrera). Era la época de oro y por entonces el capo del cartel era Don Gilberto Orejuela, un hombre no menos fantasioso que Pablo, un genio de la improvisación, más que de la organización. Un maestro. El asunto de las grúas de Panamá lo describe bastante bien.

Se trata de un proyecto desarrollado hará unos veinte años por un estado norteamericano, pongamos Georgia, en la zona del Canal de Panamá. Obras de infraestructura, grandes construcciones encargadas a empresas privadas de los Estados Unidos con el aval del Estado panameño. Para el trabajo hacen falta grúas enormes de brazo telescópico, trastos de cien toneladas que en Centroamérica no se encuentran fácilmente. Así, le toca al estado de Georgia proporcionárselas al contratista general, la empresa privada que dirige las obras y que subcontrata determinados trabajos a otras empresas. Dos grúas enormes de brazo telescópico.

Los trabajos se realizan con rapidez y éxito, y tanto las empresas locales y estadounidenses como las autoridades quedan más que satisfechas. Ya sólo falta enviar las grúas de vuelta a casa, en Georgia. Para tal tarea se contrata a un transportista estadounidense. Sin medidas especiales de seguridad, «total, no las va a robar nadie». Faltan sólo cuarenta y ocho horas para que salgan las grúas cuando, una noche, alguien se presenta ante el vigilante y le pregunta por el responsable del transporte.

Un equipo: hombres decididos, profesionales, tranquilos… Unos cuantos se quedan con el vigilante, quien lógicamente no tarda ni cinco segundos en dar el nombre, apellidos y dirección solicitados, mientras los otros se dirigen a toda prisa a un hotel de la capital para llevarle al funcionario estadounidense una propuesta que no podrá rechazar: o te matamos ahora mismo, o nos dejas esconder quinientos kilos de coca en el brazo principal de una de las grúas. «La verdad es que no me apetece mucho morir», piensa el yanqui. Y luego, como no es del todo estúpido, añade: «Por lo menos, dime cuánto voy a ganar yo». La respuesta es un auténtico caramelito: «no sólo te vas a llevar un buen fajo, sino que… ¿oís, sabés qué vamos a hacer? Le damos un golpe a tu grúa, la jodemos y te la compramos. Así le sacás también algo a la chatarra.» Lo que se traen entre manos los chicos de Cali –porque ya habrás pillado que se trata de ellos, ¿no?– es disponer de la grúa llena de cocaína para descargarla y desmontarla por su cuenta.

La noche siguiente, según lo acordado, llegan al depósito unas veinte personas y se ponen manos a la obra. Hacen chocar una grúa contra la otra. Buen golpe: una cae con el brazo extendido y ya no se puede recoger. Los funcionarios panameños, untados en dólares, se apresuran a peritar los daños y, mientras tanto, nuestros amigos colombianos descubren fabulosas cavidades en las dos columnas centrales de la grúa con el brazo bloqueado, auténticas cavernas de Alí Babá. Allí dentro cabe un cargamento especial: ¡dos toneladas y media, y no los quinientos kilos previstos! Para distribuir la mercancía hacen falta dos días, pero da igual; total, el transporte de las grúas se ha aplazado. Lo malo es que la grúa dañada está dañada de verdad y no hay manera de recoger el puñetero brazo telescópico. Sólo hay una solución: a medida que se va llenando el tubo, se van cortando trozos de brazo. Al terminar, la grúa parece nueva y sale hacia Savannah en compañía de su hermana sana.

El viaje es fácil: se trata de un asunto de carácter oficial, por lo que no hay controles especiales. El seguro paga a las autoridades estatales los daños de la grúa. Pero surge un problema: la grúa no está en venta. Así lo especifican las leyes de Georgia: las propiedades estatales que deban liquidarse salen a subasta. Atención: los colombianos no son vengativos, no matan por un error ni para descargar la frustración producida por un asunto que se complica de manera imprevista. Por lo menos, no enseguida. En este caso, el cartel decide que no puede tomarla contra el yanqui con el que han realizado el acuerdo. Él no podía prever la jugarreta del estado y, en el fondo, él también se tendrá que fastidiar, porque ya no va a obtener nada a excepción del fajo inicial. Así es la vida, qué quieres. Lo único que se puede hacer es participar en la subasta. Lo malo es que resulta bastante difícil estafar en una subasta organizada por un estado norteamericano. Los chicos se lo piensan bien: ¿buscar a un hombre de paja que compre la grúa? Puede resultar muy caro. Deciden mantener los ojos bien abiertos y acudir a la subasta para ver quién compra el coloso de hierro.

El dueño de una empresa de derribos. Él es quien gana la subasta: el dueño de una empresa de derribos de Oklahoma. La grúa tiene motor y se desplaza. Será un viaje lento, piensa el cowboy, pero se puede hacer. Y parte hacia el oeste con su grúa. Muy despacio. Le entra hambre, así que poco después de dejar atrás la frontera de Georgia se para a comer algo en un LongHorn de la carretera interestatal. No pasan ni diez minutos antes de que entren en el restaurante unos tipos de aspecto agradable, bastante bronceados, que se sientan a su mesa e inician una conversación. Pronto van al grano.

– Ve, mirá, estamos enamorados de esa grúa. Hacemos colección, y queremos comprártela, ¿oís?

– Ni hablar: llevo años esperando una ocasión así. No vendo.

– ¿Ve, cómo así que no vendés? Pensátelo bien porque podés ganar mucho. El bisnes del siglo lo vas a hacer con nosotros, ¿oís?, no con los facinerosos del gobierno de Georgia. Ya sabemos que no sirve, esa joda tiene muchos defectos. Te vendieron un montón de chatarra, ¿oís?

– No tenéis nada que hacer. Yo entiendo de grúas, muchachos. La que he comprado es una maravilla y me la quedo.

Los chicos se lo vuelven a pensar. No es que se trate de un problema irresoluble, pero un asesinato en un LongHorn de la carretera interestatal hace bastante ruido, llama la atención. En fin, un lío. Y además, después de la reyerta tendrían que largarse con ese trasto tan lento… No.

Lo dejan que se vaya. El tipo llega a su pueblo, en Oklahoma, con toda la calma del mundo y los colombianos siempre pegados a los talones. Comienza a saborear el gran momento: dentro de poco habrá llegado la hora de poner la grúa en marcha. Y esta vez no sólo el motor para los desplazamientos: por fin verá en acción el enorme brazo de acero. El cowboy gira la llave y el motor del brazo se tira un par de pedos, pero no se pone en marcha. Lógico: el sistema hidráulico que mueve el mecanismo no tiene presión. Lo que hay allí dentro es cocaína, no aceite.»

Traducción de Montserrat Triviño

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* Lee todo el fragmento en “Cosa de hombres”, el número 10 de Granta en español.

En el mes de abril de 2010 Duomo ediciones publicará como libro el texto completo de Yo soy el mercado.

Azar Nafisi y las cosas que ha callado

17 Febrero, 2010 por Granta Sin comentarios »

“Cosa de hombres”, el número 10 de Granta en español, incluye un fragmento de Cosas que he callado, el libro de Azar Nafisi que Duomo ediciones acaba de publicar en España.

Cosas que he callado es una memoria personal en la que Azar compone un catártico retrato de una familia excepcional y, a la vez, universal. Empezando por su difícil infancia, su primer matrimonio fallido, sus encontronazos con la injusticia y el despertar de su activismo político en la República Islámica de Irán, analiza los acontecimientos y las personalidades que la llevaron a ser una mujer valiente, comprometida e insubordinada. Desde su domicilio estadounidense, Azar reflexiona sobre el poder de los silencios y chantajes sobre los que se sustentan todas las dictaduras y algunas familias, como el más perfecto de los sistemas totalitarios.

Después de instruirnos sobre lo que significaba a principios de los años ochenta organizar un “club de lectura” en su casa iraní y leer con sus alumnas novelas tan “escandalosas” (y prohibidas por el régimen de los ayatolás) como Lolita de Nabokov o El gran Gatsby de Scott Fitzgerald, Azar nos cuenta ahora lo que significa nacer y crecer en Teherán. Lo que comporta ser la hija dolescente de uno de los hombres más prometedores de la política de su país, soportar injurias, ejecuciones y encarcelaciones injustificadas… Sin poder en ese momento llegar a entender plenamente el significado de los hechos que la rodeaban.

Azar Nafisi nació en Teherán. A los trece años abandonó su país para estudiar en Europa y en Estados Unidos. En 1979, año de la revolución del ayatolá Jomeini, regresó a Irán para trabajar en la Universidad de Teherán, de la cual fue expulsada en 1981.

COSAS_QUE_HE_CALLADO

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Hoy quisiéramos compartir con vosotros el siguiente fragmento del extracto de Cosas que he callado aparecido en “Cosa de hombres”.

«Tengo seis años cuando Haji Agha Ghassem nos visita en Teherán por primera vez. Me sigue con la mirada por toda la casa. Le ruego perdone mi insolencia, dice a mi madre de forma educada y cautelosa, pero la considero como a una hermana. Mi madre sonríe amablemente al tiempo que le acerca una taza de café turco. Esta niña, dice volviéndose hacia mí, está en una edad peligrosa y muchos no son como nosotros, hombres temerosos de Dios. Veo que tiene criados y quizá esta niña, dice, debería cubrirse con una ropa más recatada.

Mi madre se muestra visiblemente sorprendida. De haber sido cualquier otra persona, no habría tolerado esa conducta, pero le dice a Haji Agha que no se preocupe, que no tenga duda de que lo primero que me enseñó fue cómo protegerme (”Ten cuidado con los extraños. No dejes que te toquen. Nunca”). Mis padres muestran su mejor comportamiento. Mi padre, como anfitrión, mantiene una actitud educada salpicada por alguna mirada sardónica ocasional mientras Haji Agha hace sus declaraciones sin inmutarse. Mi madre se muestra sorprendentemente dócil. “Me gusta la gente que es honrada consigo misma”, le dice a mi padre aquella noche durante “Me gustaría que todo el mundo fuera así de firme en sus creencias”. Confunde la inflexibilidad con la fortaleza y el celo con los principios. Ni siquiera Abu Torab, profundamente religioso pero con una actitud científica, consigue su plena aprobación.

Permanece de pie detrás de mí mientras yo intento hacer los deberes y se agacha para mirar mi cuaderno. “¿Qué escribes?” me pregunta, y al alargar el brazo y tomar el libro me arregla la falda mientras sus manos rozan mis muslos de pasada.

Esa noche mis padres van a una fiesta. Haji Agha se va temprano a su habitación. Mi hermano, de un año, duerme en el cuarto de Naneh y yo, como de costumbre cuando mis padres salen, duermo en su cama. desarrollé esa rutina después de que naciera mi hermano. Él siempre dormía en el cuarto de Naneh cuando salían y yo me sentía sola y desplazada. De algún modo, dormir en la habitación de mis padres y que me llevaran a la mía a su regreso me daba sensación de seguridad. Me gustaba su espaciosa cama y disfrutaba estirando mis piernas desnudas por las sábanas frías.

Me despierta el sonido de una respiración irregular a mi lado. Alguien me abraza suavemente por detrás, tocándome por debajo de la cintura. Un suave pijama acaricia mis piernas desnudas. Más que el tacto del pijama, me asusta la respiración, que parece ganar fuerza, y los jadeos que la acompañan mientras me aprieta con más ímpetu. Intento quedarme inmóvil, casi aguantando la respiración, y cierro los ojos con fuerza. Quizá se vaya si los dejo cerrados y me quedo quieta. No estoy segura de cuánto tiempo se abraza a mí, pero no me muevo y de repente se levanta. Puedo oírle caminando quedamente durante un rato como si estuviera dando vueltas sobre la gruesa alfombra, y después sale de la habitación. Ni siquiera entonces abro los ojos por miedo a hacerlo aparecer de nuevo.

Desde esa noche no puedo dormir sola en la oscuridad. Mis padres piensan que intento llamar la atención y se aseguran de que la luz de mi habitación se apaga por la noche. Duermo mal. Él se queda en nuestra casa una noche más. No puedo contárselo a mis padres pero intento esquivarlo. Cuando me pregunta si tengo más deberes, finjo no oírlo. Cuando llega el momento de su marcha, mi madre me llama para que me despida de él pero yo me encierro en el lavabo. Me regaña por mi mala educación. ¿Qué te he enseñado? pregunta irritada. Haji Agha Ghassem es un hombre muy agradable. Me pidió que te despidiera de él. Dijo que eres una niña inteligente.

Después de aquello, volvió a nuestra casa en dos ocasiones. Siempre intenté esquivarlo, incluso cuando había otras personas en la sala. Lo que me parece increíble es que nunca reconociera sus acciones con una mirada o un gesto. Siempre mostraba la misma expresión amable y distante. En una ocasión me pilló por sorpresa. Yo estaba en mi escondite habitual al fondo del jardín junto a un arroyo. Me fascinaban las pequeñas flores silvestres que crecían a la orilla del riachuelo. Aquel día estaba ocupada con uno de mis pasatiempos favoritos: recoger piedrecitas y verlas cambiar de color al meterlas en el agua. Se acercó sin hacer ruido y se agachó tras de mí, diciendo en voz baja, “¿Qué haces? ¿no deberías estar estudiando?” me sobresalté e hice ademán de ponerme en pie, pero él me sostuvo por la cintura, alargando las manos para tocar las piedrecitas, “¡Qué bonitas!”, dijo mientras sus manos acariciaban mis piernas desnudas. Cuando por fin me puse en pie, él se levantó conmigo mientras seguía manoseándome con gestos demasiado dolorosos para que los describa incluso ahora. Al principio pensé, me inventaré un personaje imaginario a quien ocurrió eso que no sea yo. Pero el juego que mi padre y yo habíamos creado no era lo suficientemente poderoso para una historia como aquella. La vergüenza no desaparecería. Más adelante supe que no es inusual que la víctima se sienta culpable, sobre todo porque se vuelve cómplice por su silencio. Y además existe la culpabilidad adicional de sentir cierta sensación de placer sexual a partir de un acto impuesto que se percibe como reprobable.»

MANUSCRITO_AZAR_NAFISI

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Azar Nafisi visitará España la próxima semana con motivo del lanzamiento de Cosas que he callado, así que si tenéis la ocasión de ir a verla os recomendamos hacerlo. A continuación os damos el lugar, la fecha y la hora de sus intervenciones en Barcelona y Madrid:

Lunes 22 de febrero

19:30h. Conferencia en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) dentro del ciclo “Pensar el futur”

(C/ Montealegre 5)

Miércoles 24 de febrero

19:00h. Conferencia en la Biblioteca Nacional dentro de Ciclo “Tramas americanas: encuentro con autores americanos en la BNE”

(Paseo de Recoletos, 20)

“Zombi”, de Pablo Biffi: una crónica sobre Haití

1 Febrero, 2010 por Granta Sin comentarios »

Durante las últimas semanas los ojos de todo el mundo han fijado su atención en Haití debido a una desafortunada razón: el seísmo que el pasado 12 de enero sacudió Puerto Príncipe cobrándose la vida de decenas de miles de personas, destruyendo la ciudad y sembrando el caos en ella.

 

Hoy quisiéramos compartir con vosotros “Zombi”, una crónica de Pablo Biffi publicada en el número 2 de Granta en Español en la que el periodista argentino relata distintos aspectos de la crítica y extrema situación de violencia que se vive en Haití y que ha marcado su existencia desde hace más de dos siglos.

 

Así empieza “Zombi”:

 

«La violencia, y más aún la violencia política, no es en Haití patrimonio de estos años. Toda su historia está atravesada por la muerte, desde los tiempos remotos cuando los esclavos negros, de la mano de Toussaint Louverture, lograron el fin de la esclavitud, en 1794. O diez años después, bajo la dirección de Jean Jacques Dessalines, cuando la independencia de Francia se abrió paso a punta de machete, pólvora y palos, envuelta en un deseo de venganza contra los blancos.»

 

Más adelante Pablo Biffi explica en los siguientes términos en qué consiste la zombificación en Haití y el  significado de ésta:

 

«Haití es un zombi y adora a un solo dios, Bondye, y a toda una galería de “seres espiriturales” —los loas— como Erzuli, la diosa del amor, o Agw, el soberano de los mares que —dicen— ejerce una gran influencia en la política. La zombificación es una pena capital, una condena infamante del vudú. Y el zombi no es otra cosa que una persona a la que le han arrebatado el ti bon ange (”la conciencia en el mundo occidental y cristiano) como castigo: una justicia a la haitiana, ilegal pero legítima. El vudú ha ejercido una influencia tan poderosa en la vida política del país que la mayoría de sus presidentes y dictadores fueron houngan (sacerdotes) y miembros de las llamadas Sociedades Secretas, instituciones políticas y judiciales encargadas de imponer las penas. Y tan legítima que el año pasado el Estado debió legalizar su práctica.»

 

Al explorar distintos rasgos de la dinámica cultural y política de Haití, “Zombi” aporta una gran variedad de elementos para entender mejor su pasado y su presente en un momento en el que cualquier referencia con respecto a este país es una alusión directa a la destrucción, a la muerte y a la violencia.

 

Si os interesa leer la crónica completa, podéis descargar el archivo con todo el texto apretando aquí.

A propósito de “Venezuela: atrás en el tiempo y en el espacio”: un cruce de cartas entre los escritores Irene Zoe Alameda y Roberto Echeto

28 Diciembre, 2009 por Granta 4 comentarios »

En Cosa de hombres, el número 10 de Granta en español, publicamos el texto “Venezuela: atrás en el tiempo y en el espacio”, de la escritora española Irene Zoe Alameda. Tras leer este texto el escritor venezolano Roberto Echeto le envió a Irene vía correo electrónico un mensaje en el que expresaba su voz de protesta con respecto no sólo a algunas de las cosas que plantea en él, sino también a la manera como lo hace.

A continuación os presentamos tanto el mensaje de Roberto Echeto como la respuesta que Irene le envió a éste. El pasado 21 de noviembre Echeto le escribió a Irene lo siguiente:

«Irene, te escribo para expresarte mi disgusto por el artículo que publicaste en la revista Granta.

Quizás tengas razón en muchas de las cosas que dices, pero la manera cómo expresaste el descontento que te produjo mi país es, francamente, deplorable.

Venezuela es un país atrasado y lleno de problemas de todo calibre. Sin embargo, eso no le da derecho a nadie a degradar en público un país que no es el suyo. Es una falta de delicadeza y de humanidad. Lamento que, siendo una funcionaria pública que representa a España doquiera que va, te expreses de una manera que deja entrever un aire xenófobo y racista.

Mi país produce infinitas molestias en propios y ajenos, pero no merece ese trato denigrante que le brindaste y menos en una publicación internacional como Granta. Si tu intención era vengarte de las molestias que sufriste, lo lograste, pero en nada contribuirás a crear un clima de diálogo que ayude a las venezolanas y venezolanos a tomar conciencia de sus limitaciones para que cosas como las que te pasaron, no se repitan.

Me despido diciéndote que elevaremos esta queja lo más que podamos para que mucha gente se entere en el mundo de que en el servicio diplomático de tu país también hay gente mediocre y carente de tacto y de la más mínima educación.

Roberto Echeto.»

***

La siguiente es la respuesta que le envió Irene a Roberto Echeto tres días después:

«Estimado Señor Echeto:

Le escribo en contestación a la carta que me ha hecho llegar a través de la dirección de información general de la página web registrada a mi nombre como autora, a saber: www.irenezoealameda.com

En primer lugar, quiero expresarle mis más sinceras disculpas por el malentendido que ha ocasionado el reportaje de ficción que envié en el mes de julio a la revista Granta, y que salió publicado en el número de octubre. Este falso reportaje pertenece a una serie de relatos de viaje narrados desde una evidente voz ficcional con un punto de vista peculiar y extrañado. Esta serie, que se inició en el 2007 con la publicación de un reportaje sobre Zimbabwe publicado por el diario El País, continúa en la actualidad y en breve serán publicados otros tres: uno sobre Senegal, otro sobre los EE.UU. (centrado en Washington DC) y otro sobre Suecia.

Tal y como queda establecido en las reglas implícitas de todo texto literario, la voz del texto publicado en Granta es una voz narrativa que de ningún modo coincide plenamente con la voz de la autora.

Una identificación plena, del tipo autora-narradora, se da en las crónicas periodísticas, y de ahí que los reportajes periodísticos carezcan de un personaje relator; en una crónica periodística, lo que se dice está contado directamente por un emisor que coincide con la persona que firma el texto. En mi falso reportaje, por el contrario, se incide una y otra vez en que la protagonista es “La escritora” (en el de Zimbabwe era “La turista”). Si mi texto fuese un reportaje periodístico, éste se tendría que haber atenido a la convención:

Yo-periodista / contenido-realidad

pero el uso insistente y consciente en el texto del recurso de “La escritora” anula cualquier lectura literal del contenido.

En el extraño Road Trip que publiqué en Granta hay más elementos textuales que ponen de relieve el juego que se traza entre realidad y ficción: 1) la insistencia que el texto hace en un punto de vista que denota una relación extrañadora (casi Asperger) de la voz narrativa con el mundo. 2) Asimismo hay demasiado humor en el texto como para que ningún lector se permita atribuirlo a una voz fidedigna, periodística y personal (no ficcional) sin sospechar que está errando en su modelo de lectura. 3) Por último, en muchas ocasiones se refieren frases poco halagadoras sobre situaciones concretas (hilarantes) acaecidas en Venezuela, y siempre se hace a través de personajes claramente arquetípicos o muy simplificados e incluso surrealistas (demasiado como para ser representaciones de personas reales). Dado que esas frases las pronuncian personajes de ficción, que lo son por derecho propio, sería miope atribuírmelos a mí (Irene Zoe Alameda, ser humano de carne y hueso) de forma literal: yo soy una escritora, y los escritores, a través de nuestros textos literarios, nunca escribimos de forma literal, sino literaria.

Paradójicamente, a la vista de las reacciones que el personaje de “La escritora” está levantando (la suya, Señor Echeto, es sólo una de las cartas que he recibido con respecto a ella), para la mayoría de los lectores mi personaje se queda corto y podría ser muuuucho más ácido y crítico; mientras que para algunos se excede en lo descortés. Como escritora, permanezco atenta a estas reacciones dispares.

Sin ir más lejos, Enrique Vila-Matas, el autor a quien la Universidad de los Andes otorgó el Doctorado Honoris Causa durante mi estancia en la Bienal, ha sido uno de los escritores que más ha incidido en el juego de falsa autoría a través de toda su labor literaria. No sólo ha citado supuestas obras suyas que no existen, y ha jugado numerosas veces con la supuesta identidad de un Vila Matas capaz de las mayores excentricidades y hazañas inenarrables, sino que en su discurso de aceptación del Doctorado leyó un texto de un supuesto escritor, llamado Enrique Vila Matas, que denostaba sin piedad la mala educación y la imparable decadencia de los franceses y de los europeos en general.

… Me pregunto por qué ningún francés (que los había) se levantó en el Paraninfo de la Universidad de los Andes, para exigir disculpas por vía diplomática al excelente Enrique Vila Matas de carne y hueso que leía, muy nervioso, su osado texto literario.

Le confieso que estoy triste por el malestar grave que la lectura de mi relato le ha producido, Señor Echeto. Al mismo tiempo, estoy aliviada de que el Señor Mugabe, presidente de Zimbabwe no me enviara en 2007 a ninguno de sus colaboradores para amenazarme, y sinceramente espero que ni el presidente Wade, de Senegal, ni Obama, de EE.UU., ni John Fredrik Reinfeldt de Suecia me declaren persona non grata en sus respectivos países una vez salgan publicados mis siguientes reportajes.

Para que entienda que Venezuela no ha sido el primero de los países sobre los que “La escritora” o “La turista” ha escrito, le invito a leer el falso reportaje sobre Zimbabwe publicado por el diario El País (http://www.irenezoealameda.com/pdf/elpais_0107.pdf).

Soy de la opinión de que para realizar publireportajes halagüeños sobre los países están las oficinas de Turismo, los malos periodistas y también los políticos. Los escritores tenemos una muy distinta función, y con gusto la asumo: observamos, captamos las inconsistencias borrosas que agrietan la realidad, y construimos una re-presentación estética en miniatura en la que cada lector sentirá el rasguño de la pequeña parcela de implicación que le produce su correspondiente grieta de la realidad.

Por lo que a mí respecta, y esto es lo que probablemente me cause más desasosiego con respecto al tema que nos ocupa, yo tengo una relación personal muy entrañable con su país. Tal vez tuvo la ocasión de leer el cuentecito que me publicó El Papel Literario de El Nacional el 4 de julio de 2009. Por si no lo llegó a ver, le refiero al pdf que tengo colgado en http://www.irenezoealameda.com/nueva/escritura/pdf/relato_lit_04-07-09.pdf. Aunque el juego que desarrolla este cuento es, como no podía ser de otro modo, literario, la materia prima del asunto es biográfica, y es que en efecto mi abuelo emigró en su juventud a Venezuela y en Caracas pasó prácticamente toda su vida. Yo he vivido en Venezuela, soy nieta de venezolano, y a Venezuela viajé gustosa a participar en la prestigiosa Bienal Mariano Picón Salas, donde pasé unas jornadas literarias muy enriquecedoras.

Fue en esos días de Mérida donde concedí una entrevista a dos extraordinarias periodistas de El Papel Literario, y en esa entrevista es donde se puede leer todo lo que yo, desde mi voz literal de persona biográfica, pienso sobre su país. Esa entrevista fue publicada el día 3-10-2009 (la encontrará en http://www.irenezoealameda.com/nueva/prensa/docs/Lit_03-10-09.pdf), y no creo que haya en ella nada ofensivo ni desde el punto de vista de la política, ni de la cortesía.

También le adjunto esta entrevista, que constituye el único testimonio directamente atribuible a mí como Irene Zoe Alameda.

Es evidente que usted se ha sentido muy ofendido por las palabras del texto de Granta, y eso, insisto, me produce pesar. Tanto pesar que no sé cómo disculparme. No obstante, no se me escapa el tono intimidatorio de su misiva cuando alude a mi condición de directora de un Instituto Cervantes. Así que me detendré en este punto para hacerle algunas aclaraciones.

Como usted debe saber, yo fui invitada a la Bienal Mariano Picón Salas en calidad de escritora, y no como directora del IC de Estocolmo. También desde mi condición de escritora escribí mi reportaje (solicitado de antemano por la revista Granta, solicitud en la que se me confirmó la conveniencia de que retomara al personaje ficticio que ya había usado en el reportaje de Zimbabwe). De hecho, cuando escribí y remití mi reportaje a Granta no había sido nombrada todavía directora del IC de Estocolmo. Es por tanto, poco cabal, atribuir las palabras de un texto literario a una Institución pública.

Me permito traer a colación que, desde hace varios años escribo con regularidad artículos de opinión en El País, algunos bastante polémicos. Pues bien: en ningún momento se me pidió desde el CSIC (del que he sido investigadora durante tres años), ni desde la Universidad Carlos III (en la que he impartido clases como profesora) que silenciara mi voz como articulista de opinión. Ni siquiera siendo articulista se ha confundido mi labor como miembro de la comunidad académica, con mi labor como escritora.

Le invito a ver este enlace, en el que podrá comprobar qué tipo de declaraciones hago yo públicamente como directora del IC de Estocolmo:

http://www.dailymotion.com/video/xahvjo_la-historia-no-es-mas-que-cosas-peq_creation

Me produce estupor el daño que las palabras ficticias que ha publicado la revista Granta le han causado. Más estupor aún, si cabe, porque inevitablemente mi imaginación establece analogías y me hace recordar (aunque el decoro insiste en que no recuerde esto, al menos no aquí por escrito) el bochornoso juicio contra Proust; el suplicio que aún vive Salman Rushdie a partir de la publicación de Versos satánicos; el exilio que desubica a Orhan Pamuk en suelo norteamericano porque mencionó el genocidio armenio ejecutado por el pueblo turco… El pavor en el que vive el periodista danés Flemming Rose, después de haber dibujado las tristemente famosas caricaturas de Mahoma.

A los creadores nadie nos ha enseñado a refrenar nuestra imaginación, y al cabo terminamos escribiendo lo que escribimos. Aunque nos cause daño causar involuntariamente dolor a otros.

Tal vez el límite que habría que imponer a la creatividad fuera, como usted deja sugerir en su breve carta, que los autores no criticaran más que a su propio país. De este modo, cada autor se centraría en escribir sobre su país y se abstendría de mencionar (salvo para loarlos) países ajenos. Tal vez ese podría ser un límite impuesto a la creatividad, un límite político y diplomático…

A este respecto, le haré una confidencia: ya he sido extraordinariamente crítica con España y con Europa. Me permito invitarle a ver mi última obra audiovisual, BUEN VIAJE, que sólo le tomará 15 minutos de su tiempo:

En la página de mi productora: http://www.storylinesprojects.com/buen_viaje/

Debe introducir los siguientes códigos:

Usuario: pi9131

Contraseña: u1LVe6Py

Normalmente el visionado es previo pago, pero yo le invito a ver el corto para que pueda comprobar lo que le digo sobre mi acerba crítica a la ley de inmigración vigente en España.

Después de haber dedicado muchos años de mi vida a hacer posible este cortometraje para contribuir al debate sobre el problema de la inmigración, créame que ha sido duro leer los insultos en los que usted me llama xenófoba y racista. Jamás, JAMÁS, he recibido como ser humano un trato más injusto.

En cualquier caso, del mismo modo que no es obligado escribir bajo unas convenciones u otras, porque existe la libertad de expresión, tampoco es obligado leer con un manual de Teoría Literaria en la mano. Hay muchos lectores, o espectadores, a los que no les gustan determinadas obras porque son “innecesariamente polémicas”. Nadie tiene por qué saber escribir al gusto de todos, como tampoco nadie tiene por qué leer bien la literatura. Lo que yo escribo no le tiene que gustar a usted, y es posible que, cuando yo escribo, no tenga en mente a un lector ideal remotamente parecido a usted. Lo cual no es ni bueno ni malo.

Dicho todo esto, con respecto a su intención de “elevar” su queja a las más altas instancias posibles, debe usted actuar de acuerdo con su conciencia, que es como todo ser humano debe actuar; es como yo hago en mi calidad de escritora, en mi calidad de directora del IC de Estocolmo, y desde luego en mi calidad de mujer que se toma la molestia, y el tiempo, de contestarle a usted, que tanto me ha faltado al respeto desde su carta.

Sin otro particular, me despido,

Irene Zoe Alameda, escritora y cineasta.»

Gracias a Roberto Echeto por manifestar su punto de vista con respecto al texto de Irene y a ésta por responder tan oportuna y atentamente a su mensaje.

Podéis leer un fragmento de “Venezuela: atrás en el tiempo y en el espacio” aquí. El texto completo lo encontraréis en “Cosa de hombres”, el número 10 de Granta en español.