Condenada: Una Novela Del Gran Palahniuk

Chuck Palahniuk es un autor bastante peculiar. Siempre le da un toque absurdo único a cada una de sus obras, intensificando el impacto de su mensaje que, por lo general, termina siendo una critica a la sociedad en una o varias formas. Condenada no se escapa de ninguna manera de estos aspectos, trayendo una historia retorcida y perversa para que sus admiradores la devoren.

Madison Spencer, denominada “Maddy” por el transcurso de la novela, es una niña de 13 años que un día se despierta y cae en cuenta de que está en el infierno, sin saber exactamente por qué ha fallecido. En el infierno, Maddy hace amigos de distintos tipos: un rockero, un nerd, una chica linda y un deportista (Sí, es una referencia a The Breakfast Club), y con ellos vive algunas aventuras, inclusive llegando a trabajar como operadora telefónica de ventas desde el mismo infierno, inclusive descubriendo un lado de ella que al parecer no había salido a relucir antes. Conoce a personajes históricos como Adolfo Hitler y Catherine de Medici, que como en la historia real, no eran personas muy amables.

Poco a poco, Maddy Spencer comienza a reunir las pistas necesarias para descubrir de manera exacta la causa de su muerte, todo para descubrir que las cosas no eran como ella recordaba precisamente, y le tocará lidiar con las consecuencias. Evidentemente, Satanás está presente en la obra como un personaje muy interesante, intentando manipular constantemente a nuestra protagonista durante la historia.

Con personajes absurdos pero bien escritos, el ambiente siniestro que no se inhibe cuando se trata de escatología (El Gran Océano de Esperma Desperdiciado es una imagen mental particularmente grotesca), las criticas subliminales pero efectivas a la sociedad y un final que te dejará tocando en la puerta de Palahniuk para exigir una secuela, Palahniuk nos cuenta una historia de terror que nos hará reír, o una historia de comedia que nos atemorizará un poco, todo por las razones que no imaginamos.

Descubre El Nihilismo

En ocasiones, oímos a personas en la calle hablar sobre el nihilismo, bien sea que hablan sobre que esa es su ideología, o que más bien van muy en contra de ella. Si el término no te queda muy claro, hablemos un poco sobre él para definirlo.

Nihilismo viene de la palabra nihil, del idioma latín, que significa “nada”. Ya desde ahí se puede tomar un concepto muy rudimentario de lo que significa, que es creer en nada. Yendo un poco más profundo, nos preguntamos ¿Nada en cuanto a qué?  ¿Religión? ¿Política? ¿Estándares sociales? Pues, sí,  incluye eso y algunas cosas más.

¿Alguna vez te has preguntado cuál es el sentido de la vida? ¿Tu propósito?, si has respondido algunas de estas preguntas positivamente, pensando en una meta determinada a gran escala para ti o la humanidad, entonces puedes descartarte como nihilista.

Esta ideología rechaza totalmente la idea de que vivamos para hacer algo específico,  se basa en la idea de que no hay una gran fuerza superior que ha creado el universo que nos ha dado rumbo a todos para que persigamos.  Esto puede sonar meramente religioso, pero va más allá de eso. Es cuestión de filosofía, ya que un ateo, alguien que rechaza la existencia de todo dios o deidad, y a pesar de que su inexistente identidad espiritual se asemeja a la de un nihilista (ser nihilista, por principio te hace ateo), aun así puede perseguir cierto propósito impuesto por sí mismo y puede alcanzar a sentir cierta sensación de éxito al lograr una meta, en cambio, un nihilista se siente totalmente indiferente ante los logros.

La escuela del nihilismo, al ser una escuela filosófica, también abarca áreas como la política. El nihilismo político desprecia toda ideología política que tenga como objetivo el alcanzar un destino, una utopía, por así decirlo, y simpatizando con ideas más radicales como la anarquía. No se cree en la autoridad ni en que la fe debe ser una base para algún principio.

Para entenderlo mejor, se recomienda leer trabajos de Nietzsche, Ivan Turgenev, Gorgias, el Marqués de Sade y Georges Bataille. Todos estos personajes han expresado bien sea en sus obras o sus ideologías, nihilismo en distintos tonos y matices.

Marqués de Sade: El Nihilismo y la Sexualidad

El Marqués de Sade es uno de los personajes más oscuros, retorcidos e interesantes de la historia de la literatura. Su obra, como la de muchos escritores, presentaba grandes semejanzas con respecto a su vida, esto es bastante extraordinario debido a que en sus trabajos había grandes dosis de contenido sexual, del más libertario y retorcido que se puede encontrar en la literatura, inclusive convirtiéndose en la inspiración para una de las películas más controvertidas de la historia (Saló, basada en su novela Los 120 Días de Sodoma) y siendo su apellido el origen etimológico de la palabra sadismo, siendo Donatien Alphonse François de Sade su nombre de pila.

¿Qué le sucedería a este hombre durante su vida para que sus preferencias sexuales y su obra tuvieran ese contenido? ¿Cuál fue su inspiración? Hay que tomar en cuenta algunos sucesos de su vida para no justificar, sino comprender el origen de su actitud y percepción de lo que es la sexualidad y la política, como por ejemplo, al ser abandonado por su papá y con su madre ocupada en un convento, al joven Marquis de Sade le tocó ser educado en un ambiente un tanto particular, como lo eran las escuelas jesuitas de Francia, donde según el mismo de Sade, estuvo sometido a grandes cantidades de castigo corporal. Luego, se fue a una escuela militar.

Su vida militar fue triunfante, ascendiendo rangos de manera rápida y con creces, convirtiéndose en un militar prodigioso. Después, a pesar de estar enamorado de una mujer, el padre de dicha mujer no vio con buenos ojos las intenciones de Sade, y decidió obligarlo a casarse con su hija mayor, haciendo un trato con el padre de Sade en un matrimonio arreglado que beneficiaría a ambas familias.

A partir de ahí, inició una vida de orgías, torturas y abusos por parte de Sade hacia una gran cantidad de mujeres que trabajaron para él, inclusive siendo arrestado múltiples veces por sus acciones, su visión aberrada del sexo, su desprecio hacia la moral, la ley y la religión y como son plasmadas estas características de su personalidad en su obra, son inmensamente importantes para la literatura universal, ya que no muchos se atreverían a ser tan sinceros con respecto a sus gustos, sobre todo si son tan polémicos, y ofrece contenido con el que el lector pueda explorar el lado oscuro de la sexualidad humana.

El aroma de la literatura

La historia de la literatura universal ha servido a lo largo de los tiempos para intentar explicar y recrear la vida humana y la condición de nuestra especie frente al mundo. Desde el análisis más sesudo hasta el entretenimiento más básico, la escritura ha proporcionado a los lectores cantidad de información y recreo. Cada ciudadano del planeta podrá, en función de sus preferencias, designar qué libro ha sido el que más le ha influido o el que reflejaría mejor la existencia.

En ‘Esperando a Godot’ Samuel Beckett logra estar cerca de la perfección en lo que a transmitir una idea de la que significa la vida se refiere. Los diálogos entre Vladimir y Estragón pueden representar lo fútil de los días para los seres humanos, encomendados a esperar la muerte mientras se enredan en historias cotidianas relacionadas con el amor, el trabajo o el dinero.

Esperar no sé sabe muy bien qué para que el día de mañana pueda ser mejor que el de hoy, y así hasta que todo acaba; esa parece ser la inercia del hombre en su paso por el mundo, algo que supo plasmar como quizá nadie lo ha hecho nunca el irlandés Beckett. Godot podría ser Dios o podría ser el porvenir o la felicidad o un anhelo. Cuando esta obra de teatro finaliza, los personajes siguen sin poder moverse, sabiendo que Godot no llegará.

Lucky y Pozzo entran en escena para acompañar a la pareja protagonista; son un perro y su dueño, que llenan ese escenario agreste en el que sólo aparece un árbol. Y es que en ‘Esperando a Godot’ está resumida la historia de la literatura, la esencia de cómo los humanos pasarán por el mundo sin saber muy bien de dónde vienen ni a dónde irán. Todo es confusión e incertidumbre sobre el mundo en esta vida, y Samuel Beckett supo captarlo sin necesidad de grandes alardes estilísticos y con un simple acercamiento a lo absurdo.

Ernest Hemingway

Hablar del escritor estadounidense Ernest Hemingway es hablar de una de las más brillantes plumas de la historia de la literatura. Ganador del Premio Pulitzer y del Premio Nobel de Literatura, el neoyorquino dejó tras su muerte un legado importante, con obras como ‘Adiós a las armas’, ‘Fiesta’, ‘Por quién doblan las campanas’ o ‘París era una fiesta’. Novelas y relatos que fueron tejiendo la leyenda del escritor neoyorquino.

Pero entre sus libros hay uno que goza de especial carisma y rotundidad, tanto en el estilo como en la magistral parábola que encierra. Se trata de ‘El viejo y el mar’. Este trabajo de ficción, uno de los más destacados del siglo veinte, fue publicado en 1952; un año antes, Hemingway se encargó de escribirlo en la isla de Cuba, país donde además está ambientada la obra.

Santiago, conocido en la novela como ‘El viejo’, es el protagonista de las páginas del libro. Después de llevar casi tres meses sin pescar nada en La Habana, a pesar de la afectuosa ayuda del joven Manolín, Santiago decide alejarse de la orilla y tiene que enfrentarse a un pez espada que lo adentra definitivamente en las entrañas del mar. La lucha con el animal, de un tamaño enorme y de una fuerza descomunal, abre pasajes de épica en los que la lucha de ambos llega hasta el extremo.

Casi sin apenas alimentarse ni dormir, el viejo Santiago se afana en poder capturar el pez espada, en lo que considera prácticamente su última batalla y la oportunidad perfecta para redimirse de la mala ventura que había experimentado recientemente. Tras haber soñado con los famosos leones marinos en una edad que es antesala de la muerte, el protagonista se convierte en el hilo conductor de una narración brillante. La lucha contra la adversidad de la vida, el esfuerzo, la tenacidad, la gallardía y el orgullo son algunos de los valores que quedarán exaltados en ‘El viejo y el mar’.

El Discurso del Método, y el origen de “Pienso, luego existo”

descartesRené Descartes; destacado filósofo y matemático se topó con “la primera verdad” y la formuló en una de las frases más reconocidas de toda la historia “cogito ergo sum” que originalmente apareció en el Discurso del Método como “Je pense, donc je suis” y traducido al habla hispana como “Pienso, luego existo”, y a pesar de que esta frase es una de las más citadas, muy pocas personas saben el significado verdadero de la frase.

En el discurso del método, se discute de varias temáticas, incluso el alcance de la investigación científica, pero más allá de todo se discute de la verdad, y en realidad es un manuscrito brillante con reflexiones en el área de la epistemología que todavía sigue siendo estudiadas, sin lugar a dudas, la obra literaria de mayor valor de Descartes, su obra maestra, es el discurso del método, y en ella Descartes está sumido en el dilema de que tal vez no hay nada certero en el mundo, no hay ninguna verdad el discurso del metodoque se pueda afirmar con un 100% del certeza así que él empezó a dudar de todo, y bien, él dijo una vez “Para saber algo con certeza, hay que dudar de todo lo que sabemos”, y su razonamiento no era para nada extraño, tiene mucho sentido pensar así, un sueño se puede llegar a sentir igual que una experiencia cuando se está lúcido así que, ¿cómo diferenciar una con la otra? ¿Cómo se puede afirmar la existencia de uno si fácilmente nuestra vida entera pueda ser producto de un sueño o de una especie de posesión maligna (argumento cartesiano)? Descartes no era muy de dar por sentado todo puesto que sí hay cosas que conocemos son buenas al 99% y es que si él se hubiera visto en la calle en Valencia en mitad de la noche, estamos seguros de que sin dudarlo habría buscado el número de cerrajeros Valencia para que no se quedara en la casa dudando de todo, como si se hubiera dejado las llaves en casa.

En el discurso del método, su magnus opus, encontró esa respuesta, se dio cuenta que la única forma de dudar de su existencia, es que existe de por sí, que tal vez cualquier sensación o visión que tenga pueda ser producto de un sueño u otra razón, sin embargo, hay algo que es imposible acreditarle a otra cosa, y es el hecho de que piensa, eso es lo que lo hace 100% seguro de su existencia, y de ahí es que salió su célebre frase “Pienso, luego existo”. Y eso es tan solo una de las tantas brillantes conclusiones que planteó René Descartes en el Discurso del Método.

Literatura Antigua vs Moderna

A pesar de que existen millones de corrientes que han surgido en la literatura al pasar los años, corrientes que han sido inspiradas hasta de movimientos de artes plásticas, también se puede dividir ambiguamente la literatura en dos tiempos; la literatura antigua y la moderna, y la forma de parametrizar cualquiera de aquellas dos es simplemente detectar el estilo de la escritura, obviando el lenguaje, las técnicas características de las múltiples corrientes o la diferencia de las palabras que forman parte del léxico de un escrito muy antiguo a uno actual, sino concentrándose en el estilo de escritura en sí, veremos una diferencia notable, y es el propósito o el argumento de la escritura en sí, el cual es distinto para la época en la mayoría de sus casos; en la Antigua, la escritura reside en la descripción, en la moderna en los hechos.

Al decir que la literatura antigua reside en la descripción, se refiere a que es un tipo de escritura sumamente romántica, tratan de hacer el paisaje lo más vivido posible para el escritor, describiendo el mundo interno (incluyendo su filosofía o los pensamientos que surcan su mente en el instante) y el externo del personaje con detalles exquisitos, metáforas preciosas y el proceso de proyectar todo el entorno del personaje puede consumir un gran número de páginas y por lo general es así, Poe puede pasar casi un 70% de su relato describiendo a la mujer después de todo, y cada una de las paginas es mejor que la siguiente.

A diferencia de la literatura antigua, la moderna reside en los hechos, en lo que está pasando en el momento, sin tanta descripción, se concentran en la historia lo cual hace a los libros de esta época muy dependientes del argumento. Hay un mayor renombre en los libros de la época antigua, en la descripción, ahí es donde precisamente se puede encontrar lo más bello de la literatura como tal, y es algo que se puede llegar a perder si se enfoca mucho en los hechos y se olvida de detallar los alrededores con metáforas, y múltiples de expresiones literarias.

El armario y el tomo de historia

Cuando estaba estudiando en la Universidad, siempre me fascinó el mundo de sus bibliotecas, los tomos que allí se guardaban en armarios antiguos eran increíbles, no solo por su contenido, sino por la enormidad de su tamaño, en algunos caso, y en otros la admiración llegaba solo por el hecho de ver que una hoja, un folio amarillento que era todo lo que quedaba de viejos volúmenes que entre aquellas paredes se encontraban y que en aquellas vitrinas se resguardaban de humedades y ataques masivos de polvo acumulado.

Un día, mientras allí estudiaba hechos de comunicación de siglos anteriores, me llamó la atención que uno de los bibliotecarios no era capaz de acceder a un gran libro de historia antigua, de tapa de cuero verde y que seguramente pesara más que cualquier portátil que hoy en día usemos para buscar información, el caso es que probaron todas las llaves que tenían en el armarito que se sostenía sobre el escritorio de quien intentaba coger el ejemplar. Tras varias idas y venidas, las cuales despistaron hasta al estudiante más concienzudo y concentrado decicieron llamar a un cerrajero de urgencia, el cual, todo sea dicho, llego en un tiempo récord para lo que son estas cosas. El caso y según me enteré levemente, es que la cerradura y el propio armario, llevaba tanto tiempo cerrado que no se podía mover ni la llave ni los cierres internos por lo que el cerrajero tuvo que hacer “su magia”.

Finalmente, ese libro así como otros tantos, salieron de esa reclusión carcelaria en la cual, seguro que llevaban allí desde mucho tiempo antes de que yo naciera, la pena, es que los guardaron en cajas de cartón, cerrados y trasladados a otra parte dentro de la maraña de pasillos que era mi universidad y seguro que ahí se quedarán, esas maravillas de años, incluso siglos, para que nos vamos a engañar, no se volverán a usar como los han usado y todo porque en estos aparatos que ahora todos manejamos, y desde el cual, escribo estas líneas poseen casi el total del conocimiento humano desde los siglos de los siglos y por muchos años más que vengan.

Literatura en la Antigua Grecia.

En la antigua Grecia, grades figuras imprescindibles de la literatura escribieron magnificas obras que se han conservado hasta nuestros días 2500 años después y que se corresponden con el género épico, poesía, teatro, historia, filosofía y oratoria.

Las obras épicas consisten en extensos poemas cuya temática se centra en la narración de unos hechos de carácter heroico. A este género pertenecen las obras de Homero, la Illiada sobre la guerra de Troya, y la Odisea que relata el viaje de regreso del rey Ulises a su patria de Ítaca tras ser uno de los principales héroes en el sitio de Troya.

Ejemplos del género de poesía son Teogonía y el poema didáctico y moral, Los Trabajos y los Días, de Hesiodo, los cortos poemas de Arquíloco, inventor del verso yámbico, formado por dos sílabas una corta y una breve, y los fragmentos que se conservan de la obra perteneciente a la poetisa Safo de Lesbos consistentes en epitalamios, himnos y elegías.

Al igual que la poesía el teatro también era escrito en verso. Esquilo, Sófocles y Eurípides se destacaron escribiendo obras dramáticas y Aistofanes y Menandro en comedia.

Los principales historiadores fueron Herodoto y Tucídides. Herodoto escribió la historia de las guerras persas, y Tucídides sobre la guerra del Peloponeso. Otro autor destacado es Polibio, autor de la Historia General de Roma, que escribió durante la toma de Grecia por los romanos y fue enviado allí como rehén constituyendo un referente del relato histórico-filosófico, estos referentes de la antigüedad son también bien vistos por cerrajeros Malaga ya que no por trabajar con las manos, no se puede ser culto, de hecho uno de los trabajadores de cerrajeros Marbella estuvo mucho tiempo en el programa Matricula de canal sur, en el cual, el conocimiento de los autores clásicos era casi una de las asignaturas clave para poder superar programa a programa.

Los primeros textos del género de filosofía son atribuidos a Platón cuyo pensamiento desarrollo en diálogos como Critón, Fedón Fedro, El Banquete La República… gracias a Platón también conocemos la obra de su maestro Sócrates quien no escribió sus ideas, pero que Platón como discípulo las recogió en la obra Diálogos con Platón.

Otro filósofo a destacar sin duda fue Aristóteles, discípulo de Platón, con una obra caracterizada por el interés hacia lo científico, quizá influenciado por su padre médico. Títulos de su autoría son; Ética a Nicómaco, Poética, Física, Política…

De las escuelas de Platón y Aristóteles surgieron los movimientos filosóficos de los estoicos, escépticos y epicúreos.

En cuanto a oratoria, encontramos textos que datan del año 300 a. C. pertenecientes a este género. Los más famosos oradores fueron, Lisias, Isócrates y Demóstenes.

Arrabal

A veces, la enjundia literaria y el contenido y el peso de la obra de un escritor no son lo suficientemente valorados. En el caso del escritor y dramaturgo Fernando Arrabal, su faceta pública más excéntrica y sus estrambóticas apariciones en televisión han jugado en su contra; la imagen de un tipo indescifrable y frívolo parece haberle ganado la batalla al escritor ingenioso y original.

Afincado en Francia desde hace casi seis décadas, llegó a ser amigo de figuras tan relevantes en el arte del siglo veinte como Andy Warhol; Arrabal también mantuvo contacto con el poeta y ensayista del dadá Tristan Tzara y con el grupo surrealista del escritor André Breton.

Fernando Arrabal es un escritor curtido en todo tipo de terrenos. En lo que a su parte narrativa respecta, es autor de obras como ‘Baal Babilonia’, ‘El entierro de la sardina’, ‘La virgen roja’, ‘La hija de King Kong’ o ‘La torre herida por el rayo’ (Premio Eugenio Nadal en 1982), novela muy peculiar que transcurre durante la celebración del campeonato mundial de ajedrez, donde dos ajedrecistas rivales sirven como hilo discursivo.

Pero el gran escenario creador para Arrabal es sin duda el teatro. Exponente del Teatro Pánico español, ha bebido de autores como Samuel Beckett o Eugène Ionesco, representantes del teatro de lo absurdo. En la obra dramática de Arrabal destacan obras ‘Picnic’, ‘Guernica’, ‘El jardín de las delicias’, ‘El laberinto’, ‘Dalí versus Picasso’ o ‘El cementerio de automóviles’, retrato genial de la pobreza y la desesperanza urbana contemporánea.

La obra poética de Arrabal y su trabajo como cineasta y guionista ayudan a forjar la figura artística de alguien importante en la cultura española y francesa. Sin embargo, pese a tanto años de trabajo, en España parece inevitable que los medios de comunicación presenten a Arrabal como un lunático que una vez apareció ebrio en un programa presentado por Fernando Sánchez Dragó, donde quiso hablar del “milenarismo”.